HISTORIA

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo y cómo empezó. El carnaval nació del pueblo y sus orígenes se pierden en el tiempo. Los más viejos del lugar lo han conocido siempre como una manifestación popular, espontánea, divertida, anárquica y casi clandestina hasta la llegada de la democracia, cuando se organiza tal y como ha llegado a nuestros días.

Existen documentos que avalan el carnaval bañezano desde siglos atrás. En concreto, el recogido por el Padre Albano en su libro “La Bañeza y su historia”, sacado de los protocolos de Antonio Ferreras de 1675, sobre “el jubileo de las cuarenta horas en los días del Carnaval”. En este documento don Luis González, vecino de La Bañeza, hace testamento y expone sus últimas voluntades en diferentes cláusulas en una de las cuales dispone: “Declaro que dejo 8.000 (ocho mil) reales para que se haga una fundación de las cuarenta horas los días de carnaval en el Convento del Carmen Descalzo de esta villa. Se celebrará en el dicho Convento el domingo, lunes y martes de carnaval. Será con misa, sermón y exposición del Santísimo y con los ocho mil reales y sus rentas se sostendrá la fundación del jubileo de las cuarenta horas para siempre…” A la vista de datos como este, la historia de La Bañeza no nos deja ninguna duda de la antigüedad y larga tradición carnavalesca originada y mantenida por las gentes de nuestra ciudad.

Cada vez más participativo, en los años 50 y 60 comienza a crecer y con la llegada de la democracia y el auge de las libertades estalla con fuerza hasta convertirse en el carnaval que hoy conocemos. Durante estos años se les llamaba Fiestas de Invierno para evitar las prohibiciones gubernativas.

 Los carnavaleros bañezanos desafiaban las prohibiciones y “corrían” el carnaval delante de la autoridad que hacía la vista gorda cuando los más atrevidos acudían a la estación de ferrocarril vestidos de carnaval para divertir y sorprender a los incrédulos viajeros o salir de los vagones del tren para que no les echasen el guante las autoridades.

Todavía hoy los bañezanos siguen utilizando el término “correr el carnaval” para referirse al hecho de disfrazarse, salir y disfrutar al máximo los días de carnaval.

En los años 70 y durante más de 10 años, la Peña Los Bartolos otorgó los premios Hiel y Miel a personalidades que se habían caracterizado por apoyo al carnaval y a otras que, por el contrario, no lo habían apoyado. Cabe mencionar a Luis del Olmo, Beatriz Carvajal o TVE.

Cada nuevo carnaval comienza siempre al día siguiente del último carnaval que se ha vivido, y es que todo el año se lo pasan los bañezanos preparando sus nuevos trajes. Las casas llenas de telas, botones, lentejuelas y otros elementos van dando forma poco a poco al próximo disfraz cuyo diseño se guardará hasta el último minuto en el más absoluto secreto.

El carnaval bañezano tiene muchos elementos que lo distinguen de otros carnavales pero es quizá la originalidad, en su más amplia expresión, el más destacable. El carnaval de hoy tiene en común con el de ayer los mismos ingredientes: la chispa, el ingenio y un ropaje que no se adquiere, se hereda, se toma prestado o se elabora buscando siempre precisamente eso, la originalidad.

 

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